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El Misterioso Castillo de Villa del Parque

Parte I

“ Su imponente presencia despierta curiosidad a cualquier vecino”

En la zona de casas bajas del barrio de Villa de Parque emerge una mansión de cinco pisos con una cúpula en lo alto del edificio; el castillo es conocido como el “Palacio de los Bichos” y guarda una atrapante historia de amor, tragedia y misterio.

La leyenda de este palacio es conocida por los vecinos del barrio, su imponente presencia despierta curiosidad a cualquier persona que no sea de la zona y pase por allí. No hay vecino que quiera despejar las dudas a los transeúntes que quieran conocer detalles del edificio.

LOS COMIENZOS DEL CASTILLO Y LA FAMILIA

Fue bautizado como “Palacio de los Bichos”, porque en sus orígenes la construcción estaba ornamentada por gárgolas con formas de animales y bichos. Para conocer la legendaria historia del lugar tenemos que remontarnos a fines del siglo XIX.

Allá por esos años un rico italiano que vivía en Salerno de nombre Rafael Giordano –descendiente del célebre pintor Giordano- y su esposa Vittoria D’Olvilli deciden embarcarse a la aventura de echar raíces en la lejana América.

En este viaje llevan a su pequeña hija Lucía y deciden ir a la Argentina. Recién llegados los inmigrante, los Giordano contaban con una holgada posición económica y, luego de recorrer varias zonas de la ciudad de Buenos Aires, deciden instalarse en una zona de quintas al oeste del centro porque le recordaba a su ciudad natal; años después esa zona se denominará Villa del Parque.

Instalado en la quinta, Giordano comenzó a hacer negocios y a acrecentar su fortuna. En forma inmediata perteneció a la alta sociedad porteña de su época, se lo podía ver en el club del progreso o en el lujoso Plaza Hotel tomando café y cerveza con sus amigos. A escasos dos kilómetros tenía un vecino peculiar, era el conde Antonio Devoto quién fundaría el Barrio de Villa Devoto.

Rafael, Vittoria y Lucia Giordano vivían felices en aquella zona de quintas. La hija de ambos iba a un colegio en Monserrat y llevaba siempre excelentes calificaciones entre primaria y secundaria, era el orgullo de su padre.

Lucía creció y su padre instó a que haga una carrera universitaria, también empujado por su progenitor, ella decidió hacer la carrera de medicina. En aquella época ser médica era un futuro asegurado. Pasaron pocos años y notó que su vocación estaba lejos de la medicina y se empezó a interesar por la música, especialmente por el piano, desde chica le agradó el sonido de aquel instrumento.

Si bien su padre renegaba de aquella decisión, ya que tenía muchas ilusiones en tener una hija doctora, fue su esposa quién lo convenció de que la carrera no era para su hija y que con la música se iba a desarrollar en plenitud.

Finalmente Lucía abandonó la universidad y fue al conservatorio de música para estudiar piano. Como era de imaginar, era una alumna sobresaliente y aprendió en forma rápida a tocar el instrumento. Quienes la conocían disfrutaban de las melodías que ella tocaba con mucha pasión.

En su paso por el conservatorio Lucía conoció a un joven que estudiaba violín y sería el gran amor de su vida y protagonista de la tragedia de esta historia. Su nombre es Angel Lemos, de apenas 22 años luego de recibirse de farmacéutico quería dedicarse a su otra pasión, el violín.

Angel Lemos proviene de una familia del centro de la ciudad de Buenos Aires, su padre era director de una importante tienda general de aquella época. Era oriundo de San Telmo, pero las distancias no eran obstáculos para que los jóvenes confluyeran en su amor.

Esta relación fue rápidamente aprobada por Giordano, y en el tiempo, las familias Giordano y Lemos trazaron una hermosa amistad a través del noviazgo de sus hijos. Lucía era hija única pero Angel tenía seis hermanos más, por ello la pareja quería –en un futuro- formar una familia prolífica, ella porque no tuvo hermanos y él porque gustaba de las familias numerosas como la suya.

Finalmente corría el año 1911 y los novios deciden dar un paso más a su amor y le avisan a Rafael que van a casarse en otoño, la felicidad de don Giordano era de tal magnitud que sin dudarlo les aviso que de regalo de bodas les va a construir una mansión cerca de su casa para que ellos vivan.

Es así que le encargo al arquitecto Muñoz González la construcción de un palacio distinguido y que pueda ser visto por todos los vecinos del lugar. Nació el palacio de los bichos. La mansión de cinco pisos con balcones y ornamentado por bichos fue terminado antes del enlace de los novios. Por ello Rafael decidió festejar la boda en la misma mansión.

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